¡Buenas, buenas!
Parece chiste acordarme de cuando te hacías la difícil en Química Aplicada y no me querías meter a tu grupo de laboratorio, hasta que la auxiliar te cagó el plan y me chantó a la fuerza. Al final, el destino sabía lo que hacía, porque de ahí salió una de las mejores cosas que me dio la U.
Pasaron los semestres, las materias aplazadas, las trasnochadas, los churrascos, las cocinaderas de pique macho, los momentos buenos y también esos momentos duros donde tocó estar firmes. Vos me tuviste paciencia escuchando mis quejas de estancarme y mis amores idealizados, donde bien merecido me decías migajero, jajaja.
De ahí salió una de las mejores cosas que me dio la U.
Te conozco bien: ese carácter fuerte que te manejás, que no aguantás las falsedades y que a veces peleás por tener la razón aunque no la tengás, condenada.
Pero es increíble ver el cambio. Pasaste de andar con el temperamento arriba y unas ojeras de no dormir nada, a estar mucho más tranquila, sociable, cagada de la risa y con menos ojeras. Te hizo muy bien este tiempo y me alegra un montón verte feliz con Carlitos, que se mandó un golazo con este detalle.
De verdad quiero agradecerte de corazón por tu amistad todos estos años, por escucharme y por estar siempre ahí. Te deseo el mayor de los éxitos en todo lo que venga en tu vida; que sigás creciendo, siempre con la frente en alto, porque te merecés todo lo bueno.
¡Feliz cumple, mi “disque” mejor amiga!
Te mando un abrazo grande.